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domingo, 23 de marzo de 2008

LO QUE MÁS AMAMOS

LO QUE MÁS AMAMOS


Para la gente común la alabanza o la adoración tienen niveles diferentes, para Dios no. La verdadera adoración, la que Dios pide, debe ser radical, cualquier otra cosa sólo fueron intentos por acercarnos a Él.
La primera vez en que Las Escrituras mencionan el concepto de adoración tal y como Dios lo entiende aparece en el libro del Génesis, capítulo 22, verso 5, parte final. En este pasaje Abraham dice a sus criados: “Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos y volveremos a vosotros”.
Existe una regla básica y fundamental para la interpretación de la Biblia, la cual enseña que una palabra o concepto debe ser entendido a lo largo de la Escritura conservando su significado original. Esto implica que debemos estudiar el texto y contexto en que por primera vez el Señor hizo escribir una palabra.
La palabra adoremos, surge por primera vez en labios de Abraham. El estudio de los sucesos alrededor de este hombre en los momentos en que hizo su declaración, nos ayudará para entender la profundidad de la entrega que Dios demanda de sus verdaderos adoradores. “La más excelente adoración”, debe presentar hoy las mismas características que tenía la adoración de Abraham. Sólo así será acepta por el corazón del Padre.
Entremos un poco en la historia mencionada. Esta nos narra acerca de la orden dada por Dios a Abraham para sacrificar a su hijo Isaac para Él.
Es importante que consideremos algunos aspectos primero:

1.- ¿Quién era Isaac para Abraham?.

a) La misma Biblia dice en el verso 2 del mismo capítulo 22, que era su único, entendiendo esto como el heredero de la Promesa de Dios, Isaac era el escogido de Dios.

b) Era el gran milagro de Dios sobre la vida de Sara, su esposa anciana, y sobre todo de él, en su vejez.

c) Isaac era el amor de su vida, lo que más amaba y el motivo más grande de su
Esperanza.

d) Isaac era para Abraham su razón de existir y el retoño de su virilidad. Representaba potencialmente su futuro y su posteridad.

e) Isaac era el hijo predilecto de Abraham, el cumplimiento de las profecías divinas. Era el regalo más grande de Dios para él.

f) Definitivamente el corazón de Abraham estaba puesto en la vida de Isaac. Era su tesoro, su gran amor.

2.- ¿Quién era Isaac para Dios?.

a) Era la obra milagrosa de sus manos. Era su creación. Él le amaba.

b) Era el cumplimiento de sus anuncios proféticos a su amigo Abraham.

c) Isaac era La Promesa hecha a Abraham y Sara, la demostración de la fidelidad, bondad y verdad de Jehová.

d) Isaac el hijo de La Promesa, era el símbolo vivo de una generación de hombres y mujeres del Espíritu que el Señor estaría levantando por los siglos. Su vida era muy preciada para Dios.

e) Pero también Isaac era el gran peligro y debilidad del corazón de Abraham. De él podía hacer el Patriarca Abraham un ídolo, un pequeño dios que le podía hacer olvidar quién era el Señor.

f) Isaac pudo haber llegado a ser el mayor obstáculo para la adoración de Abraham a su Dios.

Era obvio que Dios tenía que bregar con eso. Debía quedar muy claro en el corazón de Abraham quién sería primero.
El capítulo 22 del Génesis es una historia extraordinaria de amor, obediencia y sumisión total a la voluntad soberana del Señor Todopoderoso.
Abraham acostumbrado a ofrendar a Jehová corderos en adoración, recibe un día una orden inusual: “Toma ahora a tu hijo, tu único, a quién amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré”. (Verso 2).
Abraham obedeció de inmediato; muy temprano por la mañana del siguiente día, preparó lo necesario y junto a Isaac su hijo y dos de sus criados, se dirigió hacia donde Dios le indicó. Al tercer día de camino, divisó el lugar del sacrificio y dejó a sus criados para iniciar con su hijo un camino de entrega y verdadero sacrificio. El camino para el sacrificio de lo que más amaba, su único, su hijo Isaac.
Es sorprendente la paz y la obediencia de Abraham. Pues preparó todo como se le ordenó: altar, leña y el sacrificio: Isaac. Una vez atado el muchacho como si fuese un cordero, en el altar,, Abraham, cuchillo en mano, se alistó para degollarle en sacrificio a su Dios. Algo maravilloso sucedió: “Entonces el ángel de Jehová dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí.
Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada, porque ya conozco que temes a Dios, por cuánto no me rehusaste tu hijo, tu único” (versos 11 y 12).
Desde luego que de inmediato Abraham dejó a un lado el cuchillo y soltó al pequeño. Milagrosamente a un lado del altar, Jehová le proveyó de un carnero que había trabado en un zarzal por sus cuernos. Este animal, ocuparía el lugar de su hijo Isaac en el sacrificio.
Es desde este contexto extraordinario de obediencia que debemos tomar el concepto emitido por Abraham: “Adoraremos”.
Abraham no iba engañado por Dios a ofrecer a su hijo. No era una trampa divina. La orden fue clara y transparente. Abraham dijo: “Iremos y adoraremos”.
Adorar bajo la óptica de Dios y de Abraham no es posible si no se entrega a Dios lo que más se ama.
El primer mandamiento debe ser nuestra ley de adoración:”Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”.
La verdadera adoración que nos presenta Abraham es totalmente radical. Dios es primero que todo, aún primero que aquello o aquellos que yo pueda amar más que nada en este mundo.
Para Abraham, su adoración estaba llena de obediencia, negación, amor incomprensible y sometimiento absoluto a la voluntad del Padre Eterno. Aleluya.
Para Abraham y para Dios, no existe verdadera adoración, excelente adoración, si no estamos dispuestos a rendir a sus pies, lo que más amamos; aún cuando pudiese ser nuestro único hijo, nuestra promesa, nuestro Isaac.
Abraham sería el padre enaltecido de naciones. Un hombre con destino y propósito en Dios. Su corazón debía pertenecerle plenamente a Él. El éxito de su llamado dependería e tener a Jehová en el lugar correcto de su corazón.
La dádiva de Dios, o su gran milagro, Isaac, no podían privarle a él de su comunión e intimidad con su Señor.
Abraham lo entendió profundamente, por ello Dios le llamó: “su amigo” y le declaró el padre de las generaciones de fe.
La más excelente adoración brindada al Padre Celestial será aquella en que le brindemos a Él, como ofrenda grata, lo que más amamos.

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